A lo largo de un trimestre en Ibiza, cinco institutos de secundaria salieron de su horario habitual para entrar en una secuencia de acciones deliberadamente conectadas. No fue un evento de un solo día ni un gesto simbólico. Fue un proceso creativo.
En total, 265 alumnos y alumnas de IES Sant Agustí, IES Isidor Macabich, IES Santa Maria d’Eivissa, IES Quartó de Portmany e IES Balàfia participaron. Cada centro realizó su propia acción de limpieza en entornos naturales cercanos. La suma de esas intervenciones independientes dio como resultado 231 kilogramos de residuos recogidos en playas y paisajes que normalmente asociamos con belleza, no con desechos.
El proyecto forma parte del programa educativo de Creatives for the Planet titulado “Cuidem la nostra illa” – “Cuidemos nuestra isla”, financiado por el Fondo de Sostenibilidad de Six Senses Ibiza. Está concebido desde el inicio como una propuesta artística, pedagógica y tecnológica. La intención es clara: confrontar la realidad de los residuos, comprender el sistema que los genera y transformar parte de ellos en algo visible y mostrarlo a la sociedad.
Tras las limpiezas, el trabajo continuó dentro de las aulas. El equipo de Creatives for the Planet no llegó con una obra terminada. Llegó con preguntas.
En los talleres dirigidos por Harmony Hita Torres, la conversación giró en torno a la economía circular. ¿A dónde va nuestra basura? ¿Qué significa el concepto de limpiar? ¿Cuál es la R más importante? ¿Cuál es el envase con peor circularidad? ¿Qué son los polímeros? ¿Por qué algunos plásticos pueden reciclarse juntos y otros no? ¿Qué porcentaje de los objetos plásticos de uso cotidiano vuelve realmente al sistema de reciclaje? ¿Quién es más limpio, el que más limpia o el que menos ensucia?
Jorge Pineda Bruges, director creativo de la organización, es directo al respecto. «Es muy educativo», afirma sobre el proceso práctico. «Aprenden la importancia de no mezclar polímeros. Si no tienen los mismos componentes, no se funden juntos». Suele pedir a los estudiantes que observen los objetos de plástico que llevan encima y que adivinen cuáles son reciclables. La conclusión resulta incómoda. «Menos del cinco por ciento de lo que tienen se recicla de verdad. Ni sus zapatos. Ni su mochila de poliéster. Ni su bolígrafo. El problema es enorme».
El taller no permanece mucho tiempo en el plano teórico.

En el patio del instituto, los alumnos trabajan con la bicicleta trituradora de Plustic Lab. Pedalean y el movimiento acciona las cuchillas que trituran los tapones de plástico hasta convertirlos en pequeñas escamas. La máquina se convierte en un punto de atracción. Incluso en el recreo, estudiantes de otras clases se acercan para probarla y a poner su granito de arena La dinámica es excitante,adolescentes que difícilmente permanecerían atentos durante una charla prolongada pedalean con energía y concentración, observando la transformación en tiempo real, reclamando su turno para subirse a la bicicleta.
A partir de ahí, el material pasa a una nueva fase. Los tapones triturados se pesan, aproximadamente 350 gramos por molde, y se introducen en marcos de 3 milímetros de grosor. Se calientan, se prensan para lograr un espesor uniforme, se enfrían y se desmoldan. Después se cortan y se fijan sobre una estructura de madera. En total, 49 kilogramos de tapones conforman un fondo marino texturizado de color azul.
Al mismo tiempo, los estudiantes trabajan con 490 tetrabriks desechados que traen de sus casas. Los abren, los limpian y los transforman en peces durante las sesiones en el aula. Algunos firman su pieza por la parte posterior antes de entregarla. Cada pez es una contribución individual que más tarde formará parte de un conjunto mayor, una gran obra de arte co-creativa.
Para Ezequiel Herrera, artista y miembro de Creatives for the Planet, la elección del material nunca es casual. «Como artista expresó una idea. El material sigue a la idea», explica. Trabaja con acrílicos, arcilla, madera, jaulas, monedas, envases de medicamentos o plástico según lo que quiera transmitir. En este caso, el tetrabrik aporta su propio significado. «Es el envase con peor circularidad, para reciclarlo se requiere mucha más energía y agua que otros envases como el metal o el vidrio que es 100% reciclable””», afirma. Si el mundo no sabe qué hacer con ello, el arte lo hará.

El paso final tiene lugar en el estudio, donde Jorge y Ezequiel diseñan y ensamblan el mural de nueve metros cuadrados. Los paneles de plástico prensado crean el lecho marino. Los 490 peces realizados por el alumnado se montan en una formación densa, configurando un banco escultórico que recorre la superficie. La obra tiene relieve, profundidad y sombra. No es una imagen plana, sino un entorno construido en 3D.
Jorge insiste en esa dimensión tridimensional. «Nunca he hecho una pieza que no tenga tridimensionalidad», señala. «Este mural tiene relieve como todos los anteriores». «El proceso, añade, es complejo no solo a nivel conceptual sino también técnico: seleccionar miles de tapones con el alumnado, triturarlos, moldearlos, prensarlos, cortarlos y finalmente fijar cada elemento en su lugar. La transformación es meticulosa»
La estructura del proyecto puede seguirse paso a paso en nuestro vídeo resumen.
Primero, el contacto directo con la problemática mediante limpiezas en entornos naturales.
Segundo, un taller en el aula que sitúa los residuos dentro de la lógica de la economía circular y los hábitos de consumo.
Tercero, la transformación artesanal, mecánica y material a través del triturado, el calentamiento y el reformulado del plástico y los envases de tetrabrick
Cuarto, la integración artística, donde los elementos creados por el alumnado y el material reciclado se convierten en un mural monumental.
La obra recorrerá todos los centros educativos que han participado incluso subirá al escenario de TEDxIbiza y finalmente se expondrá en la granja de Six Senses, quienes han financiado el proyecto a través del fondo de sostenibilidad.
Los estudiantes saben que sus peces forman parte de ella. «Me encanta cocrear», les dice Jorge. «Solo no podría hacerlo». Más de 270 personas, incluyendo profesorado y el equipo, han participado. La obra de arte nos pertenece a todos.
Nadie involucrado pretende que esto resuelva el problema del plástico. Una bicicleta trituradora no revertirá la crisis climática. Un mural no alterará las cadenas de suministro globales. La afirmación es más modesta y, al mismo tiempo, más seria: la experiencia integra y cambia la percepción de los problemas y lo que una persona considera normal.
Quienes han separado polímeros entienden el reciclaje de otra manera. Quienes han limpiado una playa rara vez la ensucian después. Quienes ven su pez firmado integrado en una obra itinerante comprenden el esfuerzo y el poder colectivo del arte. .
El mural final, con su lecho marino de tapones triturados y su banco de peces hecho de envases descartados, permanece como resultado visible de una co-creación entre cinco institutos con una preocupación compartida.
Y una vez que has visto un banco de peces surgir de aquello que arrojaste, resulta más difícil creer que tus actos se disuelven sin consecuencias.
Texto: Sophia Brucklacher
Conversación: Arte, residuos y aula
Después de meses de limpiezas, talleres y construcción, el mural se presenta como un resultado colectivo. Pero ¿qué pensamiento lo sostiene? ¿Qué significa, como artistas, trabajar con residuos junto a adolescentes?
Hablé con Jorge Pineda Bruges, director creativo de Creatives for the Planet, y con Ezequiel Herrera, artista y miembro de la organización, sobre materialidad, educación y los límites del reciclaje.
Sophia Brucklacher: Habéis trabajado con 49 kilogramos de tapones de plástico triturados para crear el fondo marino. Como artistas, ¿cómo cambia vuestra relación táctil con el “lienzo” al utilizar desechos en lugar de materiales tradicionales como el óleo o la arcilla?
Jorge Pineda Bruges:
Es curioso, nunca fui muy de pintar, pero siempre me gustó crear cosas tridimensionales. De hecho, nunca he hecho una pieza que no tenga tridimensionalidad. Este mural tiene relieve, como todos los anteriores.
No solo me divierte más, también considero que es un proceso mucho más complejo. Primero tenemos que transformar los elementos seleccionados. En este caso, para hacer el fondo, seleccionamos miles de tapones con los chicos y chicas. Luego los trituramos, los colocamos en moldes de 3 milímetros utilizando aproximadamente 350 gramos por molde, los metimos en un horno, los prensamos para que todos tuvieran el mismo grosor, después los cortamos y los atornillamos al mural. Es un proceso técnico largo.
Ezequiel Herrera:
Como artista expreso una idea, y esa idea guía el resultado que quiero lograr. El material se selecciona de acuerdo con la idea a desarrollar. Me expreso con acrílicos y pinceles para lograr obras figurativas, con arcilla para generar esculturas, con madera para formar estructuras, con jaulas, monedas, medicamentos, plástico. Todo depende de lo que quieras transmitir.
Nada me cambia ni me condiciona en el momento de crear. El material está al servicio de la idea.
Sophia Brucklacher: El mural presenta un banco de peces hecho con 490 tetrabriks. ¿Existe una ironía deliberada al utilizar envases comerciales para representar la vida natural que a menudo se ve desplazada por ese mismo comercio?
Jorge Pineda Bruges:
Para mí el arte es la herramienta comunicativa más potente. Habla por sí solo y su mensaje perdura en el tiempo. Por eso todas nuestras esculturas tienen un mensaje profundo.
En este caso, como buzo, también quiero recordar la hermosura de ver un banco de peces, algo que ya no encuentro de forma habitual en las aguas de Ibiza.
Ezequiel Herrera:
Todo termina en el mar.
El tetrabrik es un material muy contaminante, incluso en su forma de reciclarse, por las capas y materiales que lleva. Precisamente por eso es un buen material para retenerlo y transformarlo en una obra de arte. Así queda en pausa, permanente. Se interrumpe su ciclo como residuo.
Si el mundo no sabe qué hacer con ello, el arte lo hará.
Sophia Brucklacher: El proyecto se define como “art-cycling”. ¿Creéis que el arte es una herramienta más eficaz para la concienciación ambiental que los datos científicos?
Jorge Pineda Bruges:
Son cosas diferentes. Relaciono el art-cycling con una herramienta de comunicación muy potente. La ciencia nos inspira y nos da conocimientos para poder expresar nuestras inquietudes sobre cómo cuidar nuestro hogar.
Ezequiel Herrera:
Creo que el arte puede ser más efectivo que los datos. El arte mueve algo en el interior del ser humano. Cuando creas, generas algo que no existía antes.
Y cuando esa creación se combina con la recogida de residuos, viendo el problema in situ, el conjunto es fantástico. Creas ayudando a resolver una problemática. Es liberador y gratificante

Sophia Brucklacher: La bicicleta trituradora de Plustic Lab es una tecnología de bajo coste pero alto impacto. ¿Qué ocurre cuando se introduce este tipo de creación mecánica colectiva en el patio de un instituto?
Jorge Pineda Bruges:
Los estudiantes se divierten muchísimo. Incluso en la hora del patio, chicos y chicas de otras aulas vienen a utilizarla. Es muy educativo. Aprenden directamente la importancia de no mezclar polímeros, porque si no son del mismo tipo no se funden. Eso les hace cuestionarse cosas.
Les preguntamos qué elementos plásticos de los que llevan encima se reciclan realmente. Se dan cuenta de que menos del cinco por ciento lo hace. Ni sus zapatos, ni su bolígrafo, ni su mochila de poliéster. Lamentablemente, en general no lo sabemos. El problema es enorme.
Ezequiel Herrera:
La idea es magnífica. Hablamos de adolescentes con una energía casi infinita. Es difícil mantenerlos sentados en una charla más de quince minutos. Pero pedalear con energía y ver cómo ellos mismos transforman el residuo en materia prima funciona. Es una dinámica muy acertada.
A esa edad hay que darles medios para hacer. Si los metes en una nevera con un móvil, no harán nada. Si los motivas con una bici, con una acción, responden.
Sophia Brucklacher: Habéis trabajado con 265 alumnos de secundaria. A menudo se dice que los adolescentes son apáticos, pero aquí se han implicado. ¿Qué os sorprendió más?
Jorge Pineda Bruges:
En su mayoría se implican. Son acciones extraescolares divertidas. Creemos que la diversión atrae y que la creatividad tiene algo casi psicomágico que hace que los conceptos se integren de forma más directa.
Cuando limpias una playa, no vuelves a ensuciar un entorno natural. A través de la acción, los conceptos dejan de ser conceptos y se convierten en ideales.
Ezequiel Herrera:
En general estaban interesados y motivados por utilizar herramientas. El ser humano tiende a querer tocar, investigar, manipular. Si se les apoya, se les da espacio y se les motiva, responden muy bien. Depende de las herramientas que les demos como adultos e instituciones.

Sophia Brucklacher: ¿Cómo ayuda el proceso artístico a que conceptos abstractos como la economía circular se vuelvan comprensibles para un joven de 15 años?
Jorge Pineda Bruges:
Harmony hace un trabajo maravilloso transformando el aula en un espacio de aprendizaje dinámico. En su taller teórico, los chicos y chicas primero se impregnan de conocimientos y estadísticas. Entienden de dónde provienen los materiales y los envases y a dónde van según la responsabilidad del consumidor.
Nuestro mensaje siempre es reducir. Para eso se requiere responsabilidad y conocimiento. El mejor residuo es el que no existe.
Ezequiel Herrera:
El proceso artístico es la columna vertebral para entender la economía circular. Entienden haciendo. Recolectando, reciclando, transformando. Con estas labores prácticas están realizando una economía circular real.
Sophia Brucklacher: Cada pez de tetrabrik forma parte de un mural monumental que recorrerá la isla hasta llegar al escenario de TEDxIbiza. ¿Qué significa eso para el alumnado?
Jorge Pineda Bruges:
Les expliqué que no podría hacerlo solo. Me encanta cocrear porque avanzas más rápido y puedes hacer cosas mucho más elaboradas y grandes. El impacto es mayor porque fuimos más de 270 personas, incluyendo profesorado y nuestro equipo. Solo no lo habría conseguido. Ellos lo saben y siento que todos estamos muy orgullosos.
Ezequiel Herrera:
Tuvimos la idea de que firmaran su pez por detrás. Se les nota la motivación al formar parte de una obra de gran formato. Todos quieren aportar su granito de arena. A quién no le gustaría estar delante de una gran obra y decirle a su hijo: esa pincelada la hice yo.
Sophia Brucklacher: Si en nuestra sociedad hay residuos difíciles de evitar, ¿cómo enseña este proyecto a que ese desecho sea significativo en lugar de simple basura?
Jorge Pineda Bruges:
Al final del proceso entienden la dimensión del problema. Buscamos despertar conciencia para que en el futuro sean ellos quienes cambien este tipo de acciones irresponsables que un capitalismo devastador ignora, como si el planeta fuera infinito y tuviéramos un vertedero detrás que hace desaparecer los desechos.
Ezequiel Herrera:
Si algo es difícil de reciclar, una respuesta acertada es convertirlo en arte. Así el material queda interrumpido en su ciclo y firme en su nueva esencia: ser arte.
Sophia Brucklacher: Muchas gracias.























