En la tierra roja y rica en hierro del interior balear, existe un silencio que precede al pulso de la famosa vida nocturna de la isla. Es el silencio de las fincas payesas, del romero secándose en patios bañados por el sol y de una generación que entendía una verdad fundamental: la tierra no es un recurso que explotar, sino una fuente de vida a la que respetar.
Este latido ancestral es el fundamento de Tornem a la terra (Volvamos a la tierra), un proyecto creado y diseñado por Harmony Hita Torres. Se trata de una iniciativa que actúa como un puente intergeneracional vivo. Mientras la vida moderna avanza a un ritmo cada vez más acelerado, Harmony invita a los estudiantes de Ibiza a detenerse y mirar la tierra que hay bajo sus zapatillas. Es una invitación deliberada a recordar lo que era un conocimiento imprescindible hace apenas dos generaciones.
Una biblioteca de conocimiento del campo
El marco del proyecto se apoya en los «etnoclips», una serie documental que Creatives for the Planet, con el apoyo institucional local, inició para registrar el patrimonio inmaterial de las mujeres rurales ibicencas. La antropóloga visual Harmony Hita Torres en colaboración con el cineasta Jorge Pineda Bruges, han construido un archivo que funciona como una biblioteca de autosuficiencia rural. Estos videos etnográficos no solo son entrevistas sino que registran las tradiciones y saberes ancestrales de las mujeres rurales de la isla. Al filmar a estas mujeres, mientras comparten sus habilidades artesanales que antes se transmitían de generación en generación , Harmony y Jorge han creado un recurso vital que traslada la realidad anónima del campo al aula moderna.
La mirada de Jorge es intencionada, centrándose en la textura de una hoja o en el movimiento pausado de unas manos curtidas. Este enfoque visual fomenta un ritmo de observación más lento, contrastando el acelerado mundo digital con el tiempo paciente y cíclico del entorno natural. Estos clips garantizan que cuando una mujer como Catalina habla de las propiedades de una planta, su voz permanezca como una parte permanente del registro cultural de la isla.
El aula como laboratorio
Harmony traduce este archivo en una experiencia tangible para estudiantes de secundaria, viendo el aula no como un lugar para enseñar, sino como un laboratorio para la reflexión y reconexión. «No estamos solo enseñando autosuficiencia y sostenibilidad», afirma Harmony. «Estamos creando conciencia para entender qué es lo qué necesitamos para vivir y de dónde provienen los recursos. Cuando un estudiante comprende de verdad que el agua que bebe y la comida que ingiere vienen de la misma tierra que pisa, su visión del mundo cambia por completo».
Los etnoclips sirven como hilo conductor para las actividades de las guías educativas que la ONG ha entregado a todos los centros de secundaria de la isla, gracias a la financiación de la Conselleria de Agricultura, Pesca y Medio Natural del Govern Balear. En estos talleres, el alumnado pasa de ver el vídeo de una mujer rural a reflexionar sobre el origen de las materias primas y su proceso de transformación en alimentos, objetos y productos artesanales. Se les desafía a comparar el impacto de la realidad industrial de un supermercado con los productos elaborados manualmente.
La lección de la bolsa de plástico
Durante el taller, el contraste entre estos dos mundos se hace evidente. Harmony se presenta ante el alumnado sosteniendo una mochila de poliester frente a un “senalló” o cesta elaborada de material natural. No se limita a hablar de la contaminación; habla del tiempo de duración y el impacto. Mientras el plástico se desintegra en micropartículas que nunca abandonan realmente nuestro entorno, los materiales naturales simplemente regresan a la tierra.
El taller incluye un ejercicio práctico en el que se invita a los estudiantes a completar tablas para comparar productos industriales con los hechos en casa. Analizan los kilómetros recorridos por el producto, los costes y los ingredientes o materiales que figuran en las etiquetas de los productos comprados.. Una estudiante, reflexiona sobre la comparativa, señala que hacer las cosas en casa significa tener más gastando menos, y todo ello sin dañar nuestra salud y la del planeta.
El profesorado del centro observa que estas situaciones de aprendizaje son esenciales para enfrentar nuestra realidad climática actual. Al enraizar a los alumnos en su propia identidad cultural y en su territorio, el proyecto de Harmony convierte el concepto abstracto del ecologismo en algo personal y local.
Una conexión para el futuro
Al finalizar el taller, los estudiantes se van con una nueva perspectiva de su entorno y de su historia, entender de dónde vienen las cosas y a donde van . El proyecto tiene éxito porque no trata el pasado como una pieza de museo, sino como un mapa de conocimiento al alcance de nuestra mano para un futuro más resiliente.
Harmony y Jorge no se limitan a mostrar a los alumnos cómo era la vida antes de los supermercados. Les están demostrando que la sabiduría del campo no es una reliquia del pasado, sino una herramienta para un mañana más saludable y sostenible.
«Solo a través de la experiencia podemos aprender,», concluye Harmony. «Y solo a través del conocimiento del entorno podemos amarlo y cuidarlo de verdad. Estamos vinculando a estas nuevas generaciones con la tierra, qué es de dónde viene la vida”.
Texto: Sophia Brucklacher






